Un relevamiento sobre adolescentes y jóvenes que viven en barrios populares muestra que la mitad no tiene ninguna cobertura médica y ocho de cada diez nunca se atendió por su salud mental. Sin embargo, el estudio refleja que están atravesando niveles de incertidumbre, agotamiento, estrés y ansiedad muy significativos. La falta de políticas públicas —que se traduce en trabas para conseguir turnos y acceder a atención especializada— agrava la situación de quienes se encuentran con dificultades para construir un proyecto de vida.
El 48,1% de los adolescentes y jóvenes dijeron experimentar agotamiento frecuente, el 45,5% manifestó sentir estrés y el 41% incertidumbre.
A estas emociones se suman la ansiedad (38%), la angustia (30,3%) y la tristeza (25,4%).En el caso de los adolescentes y jóvenes de los barrios populares, la encuesta hace visible que las condiciones materiales de vida ocupan un lugar central: la preocupación más mencionada por los encuestados fue su situación económica; habló de ella el 64 por ciento.
Por eso consideramos que se necesitan políticas públicas, en los hospitales y centros de salud, que hoy están desfinanciados y faltos de recursos, y al mismo tiempo construcción de comunidad. Creemos que hay que reconocer las redes de cuidados que ya existen y ampliarlas, poniendo en valor la idea de la salud mental comunitaria.
“Nosotros hablamos de factores de riesgo y de factores protectores. Identificamos factores de riesgo, como el consumo de sustancias, la situaciones de vulnerabilidad, de falta de acceso, pero sabemos también que hay factores protectores.Sin embargo, hoy no encontramos demasiados espacios o programas que incluyan a los jóvenes en esta franja, a la generación de entre 16 y 25 años. No hay pensada una agenda de salud mental con acciones diversas, transversales, que incluya por ejemplo el trabajo en los clubes de barrio, en las escuelas, en el territorio en sí mismo. Creemos que hace falta poner el tema en debate

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